El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que se manifiesta en la comunicación e interacción social y en la presencia de patrones de conducta, intereses o actividades restringidos y repetitivos. Sus características pueden observarse desde la primera infancia, aunque con frecuencia el diagnóstico llega más tarde de lo deseable.
En resumen
- Las señales tempranas se relacionan sobre todo con la comunicación social: mirada compartida, respuesta al nombre, gestos y juego.
- Una señal aislada no significa autismo; lo relevante es el patrón, su persistencia y su impacto.
- La pérdida de habilidades ya adquiridas, a cualquier edad, siempre merece consulta.
- El diagnóstico es clínico y se apoya en instrumentos estandarizados como ADOS-2 y ADI-R.
¿Qué es el Trastorno del Espectro Autista?
Según el DSM-5-TR, manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, el TEA se caracteriza por dificultades persistentes en la comunicación y la interacción social, junto con patrones restringidos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades. Estas características están presentes desde etapas tempranas del desarrollo y afectan de forma significativa el funcionamiento cotidiano.
Se habla de “espectro” porque la forma en que se manifiesta varía mucho entre una persona y otra: en el nivel de lenguaje, en las capacidades cognitivas y en el tipo de apoyo que cada niño necesita.
La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 1 de cada 100 niños en el mundo tiene autismo, aunque las cifras varían según el estudio y el país. En Estados Unidos, la red de vigilancia de los CDC reportó en 2025 una prevalencia de aproximadamente 1 de cada 31 niños de 8 años, un aumento que se atribuye en buena parte a una mayor conciencia y a mejores procesos de identificación.
Señales tempranas que conviene observar
Los CDC describen algunas conductas que, si no aparecen a las edades esperadas, pueden justificar una consulta. Entre ellas:
- Poca o ninguna respuesta cuando se le llama por su nombre hacia los 9 meses.
- Escasas expresiones faciales compartidas (sonreír, mostrar sorpresa) hacia los 9 meses.
- No participar en juegos de ida y vuelta, como “tortitas”, hacia los 12 meses.
- Uso escaso o nulo de gestos, como decir adiós con la mano, hacia los 12 meses.
- No señalar para mostrar algo que le interesa hacia los 18 meses.
- Poco interés en lo que les ocurre a otras personas hacia los 24 meses.
- Ausencia de juego simbólico o de “hacer como si” hacia los 30 meses.
También pueden observarse movimientos repetitivos (aleteo, balanceo), gran necesidad de rutinas, intereses muy intensos o reacciones inusuales a sonidos, texturas, olores o luces.
¿Cuándo consultar?
Conviene consultar cuando varias de estas señales aparecen juntas, se mantienen en el tiempo o interfieren en la comunicación, el juego o la vida familiar. Siempre se recomienda consultar si el niño pierde palabras o habilidades sociales que ya había adquirido.
La Academia Americana de Pediatría recomienda un tamizaje específico de autismo en los controles de los 18 y 24 meses, con herramientas como el M-CHAT-R/F. Un tamizaje positivo no es un diagnóstico: indica que corresponde una evaluación especializada.
Cómo se realiza una evaluación diagnóstica
No existe un análisis de laboratorio que diagnostique el autismo. El diagnóstico es clínico y se construye integrando la historia del desarrollo, la observación directa del niño y la información de la familia y, cuando es posible, del centro educativo.
Dos instrumentos de referencia internacional son el ADOS-2 (Escala de Observación para el Diagnóstico del Autismo, segunda edición), una observación estandarizada y semiestructurada a través del juego y la interacción, y el ADI-R (Entrevista para el Diagnóstico del Autismo – Revisada), una entrevista estructurada con madres, padres o cuidadores sobre la historia del desarrollo.
Una evaluación cuidadosa también considera otras condiciones que pueden coexistir o parecerse al TEA, como dificultades del lenguaje, TDAH, ansiedad o discapacidad intelectual.
Por qué la identificación temprana importa
Comprender a tiempo el perfil de un niño permite orientar apoyos en comunicación, habilidades sociales y aprendizaje en una etapa de gran plasticidad cerebral. Además, ofrece a la familia un marco para entender conductas que antes resultaban confusas y tomar decisiones informadas.
Este contenido es informativo y no sustituye una evaluación profesional. Cada niño debe comprenderse dentro de su propio contexto.



